sábado, 31 de enero de 2009

Traje de buceo

En el Claustro de Santo Domingo, bella edificación que se pudo ver en la película El amor en los tiempos del cólera, se llevó a cabo la segunda mesa de los Nuevos Cronistas de Indias, en la noche del 30 de enero. Sin lugar para desinteresados, el salón permaneció repleto durante la hora completa y se oyeron largos aplausos.


Con el título Sujetos y territorios, anécdotas de la crónica de inmersión, la Fundación Nuevo Periodismo propuso un tema bastante curioso como segunda mesa en este Hay Festival Cartagena 2009. La elección de los cronistas participantes fue una mezcla de dos realidades -Argentina y Colombia- con más puntos en común que desencuentros. Cristian Alarcón y Josefina Licitra, ambos redactores de planta del periódico Crítica de la Argentina, narraron parte de su experiencia en temas como narcotráfico, exclusión social, juventud y tribus urbanas. José Alejandro Castaño y Andrés Felipe Solano, por Colombia, ahondaron en su trabajo en la periferia de las ciudades.
El auditorio estaba más que lleno, como se está volviendo costumbre cada vez que un cronista reconocido cuenta detalles inéditos del proceso de investigación y escritura. El moderador, Jaime Abello Banfi, nunca perdió el control de las intervenciones pero dio libertad para que cada cronista se extendiera cuanto fuera necesario.
Primero habló Alarcón. Contó detalles de su más reciente investigación en la que cronicó las tensiones en un barrio de Buenos Aires que últimamente han llamado Fuerte Apache: jóvenes que mueren baleados por la policía, policías que son asaltados por jóvenes y esto rodeado de un escenario de pobreza. "En estos territorios en que trabajo, hay que saber que se vuelven personajes; es decir, que un barrio adquiere personalidad propia, que cambia durante mi periodo de investigación, que el territorio que tengo al final no es el mismo que tenía al iniciar", aclaró el chileno-argentino.
Licitra, por su parte, tras un trabajo en el que reveló inconsistencias en algunos colegios de Buenos Aires que aplicaban el Método Waldorf, contó que las conclusiones a las que llegó no sólo le descubrieron que los padres de familia de estos centros eran "fundamentalistas de la salud que son los fundamentalistas más peligrosos de todos", sino que le hicieron revaluar sus propios juicios morales y éticos sobre aspectos de su vida.
En el caso de Solano, la cuestión giró en torno a una crónica que por poco se gana el premio Cemex-FNPI 2008, titulada "Seis meses con el salario mínimo", en la que debió vivir en un barrio marginal de Medellín ganándose un salario mínimo mensual colombiano -220 dólares-. Sus riesgos sentimentales a la hora de establecer relaciones con la familia que lo acogió y con personas de su trabajo como obrero en una empresa fueron los detalles que conmovieron al público.
Sin embargo, las palmas se las llevó Castaño por su ya reconocida mezcla de humor, histrionismo y discurso crítico a la hora de hablar en público sobre las extrañezas del oficio de cronista. Los asistentes entendieron que, en el fondo, el antioqueño estaba narrando la crónica oral de su experiencia como cronista.
Ideas de guardar
Entre el público estaban Alma Guillermoprieto, Villoro, Caparrós, Salcedo Ramos que terminaron aplaudiendo a los que, alguna vez, fueron sus estudiantes en talleres y cursos en la FNPI.
Como conclusiones, rescato la idea que propuso Castaño para definir el concepto de inmersión: "Es como un traje de buceo que uno se pone para la investigación". También, la de Alarcón a la hora de toparse con rayos literarios durante el trabajo de cronista: "Se dan unas sincronías entre lo que estás buscando y lo que te encuentras y te das cuenta que se literaturiza la vida". Josefina Licitra, por su parte, dio una pista sobre sus búsquedas de temas para cronicar: "Me interesan los temas que son cubiertos con insistencia por los medios masivos porque, finalmente, siempre queda todo por decir".
Solano dejó ver que había quedado, de cierta forma, atravesado por lo que implicó haber hecho esta crónica: "Con la familia que viví todavía me hablo. En este diciembre iba a ir a pasar unos días con ellos y no pude pero prometí que iría en Semana Santa".
¿Hasta dónde llegar para contar una historia? ¿Qué límites no transgredir? ¿Qué artificios usar? Respuestas que se reelaboran en la medida en que el periodismo latinoamericano sigue buscando su propia hoja de ruta.
Otras versiones
Al final, recogí algunas reacciones del público:
Aldo Cívico, academico de la Universidad Estatal de Nueva York: "Este conversatorio me confirmó una cosa: que para entender una realidad tan compleja como la que ocurre en nuestras ciudades, contar historias es la mejor manera para entenderla".
Julio Villanueva Chan, fundador de la revista Etiqueta Negra: "Lo esencial es contar una historia y eso quedó representado en lo que transmitía Cristian Alarcón y José Alejandro Castaño y el grado de atención que causaban en la gente. Quiero decir que lo que me sigue fascinando como espectador es que, con ellos, asisto a la narración de una historia".
Juliana Sarria, asistente de dirección del Festival Malpensante. "Me gustó que los temas que tocaron eran cosas reales que a todos pueden interesar, independiemente que la gente lea o no".

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