jueves, 29 de enero de 2009

Cronistas en el centro

Con éxito se llevó a cabo la primera mesa de la Fundación Nuevo Periodismo en el Hay Festival Cartagena 2009. Un argentino, un colombiano y dos mexicanos narraron detalles de su historia con un género que sigue buscando espacio en latinoamérica.



UNO. “¿Qué es la crónica?” fue la pregunta que lanzó el moderador, Daniel Samper Ospina, para dar inicio al conversatorio entre los cronistas Juan Villoro, Martín Caparrós, Alberto Salcedo Ramos y Fabrizio Mejía Madrid. Como si siempre fuera necesario el cerco del terreno que se pisa o como si el público que casi llena el Teatro Heredia (200 pax, más o menos) no supiera por qué estaba allí.
A modo de picahielo, Villoro recordó su ya conocida analogía en la que le da forma animal al género como retrato de ornitorrinco —que puede leerse en el prólogo del libro Safari accidental (Mortiz, 2005)—: “Una mascota que puede ser un pato, un marsupial, un castor, una mezcla posible de todos ellos pero se define como ornitorrinco porque no es ninguno de ellos; y así es la crónica: un género que usa recursos del relato, la memoria de la primera persona de la novela, las voces y diálogos del teatro, algo del coro griego en su versión contemporánea que es la opinión pública. La crónica, entonces, es un género híbrido, un género mestizo que se parece a todos los demás géneros y cuya capacidad es que nos da una versión subjetiva de los hechos reales”.
A estas alturas, el público, entre incrédulo y sorprendido (lo digo por sus caras), soltó carcajadas grupales cuando Caparrós descubrió que su ubicación en el escenario era la derecha, lo que de cierto modo le daba la certeza de que estaba en Colombia. Y, a la vez, visto por el público, estaba a la izquierda. “¿Y qué es esto, la nueva izquierda latinoamericana?”, preguntó. Pero, finalmente, reconoció que siempre estaba en el centro, como en ese momento en el escenario. Una confesión consecuente con la idea que él ha defendido en otras arenas del continente: la de que la crónica debe servir para evidenciar el lado político de los hechos.
DOS. Alberto Salcedo Ramos contó en tono romántico y honesto que llegó a la crónica porque creció en un pueblo en el que no había fluido eléctrico y que la gente se dedicaba a contar historias sobre lo que sucedía en otras partes, generalmente cuando caía la tarde a manera de entretenimiento. Y él recreaba esos relatos orales en su memoria y les daba forma y color, teniendo conciencia que eran reales.
Fabrizio Mejía Madrid explicó que los cronistas podían considerarse como caballeros andantes que tenían que fingir para la risa y la desgracia pero finalmente, todo quedaba al servicio de la buena causa, y “somos buenos, buenos, buenos”. Y en este momento del acto, lo que parecía un encuentro ordenado se convirtió en una charla de amigos que se narraron anécdotas en las que habían descubierto verdades del oficio de la escritura. Interpelándose entre sí.
Caparrós habló de la hipocresía funcional: “Uno tiene que sentarse a escuchar a un señor que uno quisiera ver muerto y comido por los gusanos para escucharle la historia y para, finalmente, escribir la crónica”.
Salcedo Ramos confesó que una de las estrategias que más apreciaba era la que había recibido de las lecturas de Gay Talese, en las que el neoyorquino aclaraba que los personajes que entrevistaba querían aparentar lo que no eran, si se sabían entrevistados por un periodista. Pero que si fluía una conversación, Talese identificaba pequeñas frases que le daban la verdadera dimensión del personaje. “Y eso es lo que he tratado de hacer porque siempre he escrito sobre personajes que son poco cultos, a veces inteligentes, y que quieren impresionarme”, dijo el colombiano.
TRES. La mesa cerró con las preguntas del público y la firma de libros, pero algunas oraciones quedaron flotando en el aire. Incluso, algunas personas caminaron discutiendo sobre ellas:
-“Siempre estamos forzando la realidad. ¿Y eso hace la diferencia? Creo que no. Siempre me ha interesado hacer la crónica de lo que está ahí, de la manzana de mi casa porque como estoy acostumbrado a verla ya he perdido el asombro”. Martín Caparrós.
- “El límite de usar artificios de la ficción para construir una crónica es el límite de la noticia. Esos hechos son inmodificables. Lo que sucedió no puede tergiversarse”. Juan Villoro.
- “Si uno interactúa con su personaje, con la realidad de su personaje, no hay necesidad de esperar que algo extraordinario suceda. La realidad del personaje es lo que lo sorprende a uno”. Alberto Salcedo Ramos.
- “La caída es un tema muy literario. Y a nosotros nos interesa no el Ícaro volando sino el Ícaro cayendo, en llamas”. Fabrizio Mejía Madrid.

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