En el Claustro de Santo Domingo, bella edificación que se pudo ver en la película El amor en los tiempos del cólera, se llevó a cabo la segunda mesa de los Nuevos Cronistas de Indias, en la noche del 30 de enero. Sin lugar para desinteresados, el salón permaneció repleto durante la hora completa y se oyeron largos aplausos.
Con el título Sujetos y territorios, anécdotas de la crónica de inmersión, la Fundación Nuevo Periodismo propuso un tema bastante curioso como segunda mesa en este Hay Festival Cartagena 2009. La elección de los cronistas participantes fue una mezcla de dos realidades -Argentina y Colombia- con más puntos en común que desencuentros. Cristian Alarcón y Josefina Licitra, ambos redactores de planta del periódico Crítica de la Argentina, narraron parte de su experiencia en temas como narcotráfico, exclusión social, juventud y tribus urbanas. José Alejandro Castaño y Andrés Felipe Solano, por Colombia, ahondaron en su trabajo en la periferia de las ciudades.
El auditorio estaba más que lleno, como se está volviendo costumbre cada vez que un cronista reconocido cuenta detalles inéditos del proceso de investigación y escritura. El moderador, Jaime Abello Banfi, nunca perdió el control de las intervenciones pero dio libertad para que cada cronista se extendiera cuanto fuera necesario.
Primero habló Alarcón. Contó detalles de su más reciente investigación en la que cronicó las tensiones en un barrio de Buenos Aires que últimamente han llamado Fuerte Apache: jóvenes que mueren baleados por la policía, policías que son asaltados por jóvenes y esto rodeado de un escenario de pobreza. "En estos territorios en que trabajo, hay que saber que se vuelven personajes; es decir, que un barrio adquiere personalidad propia, que cambia durante mi periodo de investigación, que el territorio que tengo al final no es el mismo que tenía al iniciar", aclaró el chileno-argentino.
Licitra, por su parte, tras un trabajo en el que reveló inconsistencias en algunos colegios de Buenos Aires que aplicaban el Método Waldorf, contó que las conclusiones a las que llegó no sólo le descubrieron que los padres de familia de estos centros eran "fundamentalistas de la salud que son los fundamentalistas más peligrosos de todos", sino que le hicieron revaluar sus propios juicios morales y éticos sobre aspectos de su vida.
En el caso de Solano, la cuestión giró en torno a una crónica que por poco se gana el premio Cemex-FNPI 2008, titulada "Seis meses con el salario mínimo", en la que debió vivir en un barrio marginal de Medellín ganándose un salario mínimo mensual colombiano -220 dólares-. Sus riesgos sentimentales a la hora de establecer relaciones con la familia que lo acogió y con personas de su trabajo como obrero en una empresa fueron los detalles que conmovieron al público.
Sin embargo, las palmas se las llevó Castaño por su ya reconocida mezcla de humor, histrionismo y discurso crítico a la hora de hablar en público sobre las extrañezas del oficio de cronista. Los asistentes entendieron que, en el fondo, el antioqueño estaba narrando la crónica oral de su experiencia como cronista.
Ideas de guardar
Entre el público estaban Alma Guillermoprieto, Villoro, Caparrós, Salcedo Ramos que terminaron aplaudiendo a los que, alguna vez, fueron sus estudiantes en talleres y cursos en la FNPI.
Como conclusiones, rescato la idea que propuso Castaño para definir el concepto de inmersión: "Es como un traje de buceo que uno se pone para la investigación". También, la de Alarcón a la hora de toparse con rayos literarios durante el trabajo de cronista: "Se dan unas sincronías entre lo que estás buscando y lo que te encuentras y te das cuenta que se literaturiza la vida". Josefina Licitra, por su parte, dio una pista sobre sus búsquedas de temas para cronicar: "Me interesan los temas que son cubiertos con insistencia por los medios masivos porque, finalmente, siempre queda todo por decir".
Solano dejó ver que había quedado, de cierta forma, atravesado por lo que implicó haber hecho esta crónica: "Con la familia que viví todavía me hablo. En este diciembre iba a ir a pasar unos días con ellos y no pude pero prometí que iría en Semana Santa".
¿Hasta dónde llegar para contar una historia? ¿Qué límites no transgredir? ¿Qué artificios usar? Respuestas que se reelaboran en la medida en que el periodismo latinoamericano sigue buscando su propia hoja de ruta.
Otras versiones
Al final, recogí algunas reacciones del público:
Aldo Cívico, academico de la Universidad Estatal de Nueva York: "Este conversatorio me confirmó una cosa: que para entender una realidad tan compleja como la que ocurre en nuestras ciudades, contar historias es la mejor manera para entenderla".
Julio Villanueva Chan, fundador de la revista Etiqueta Negra: "Lo esencial es contar una historia y eso quedó representado en lo que transmitía Cristian Alarcón y José Alejandro Castaño y el grado de atención que causaban en la gente. Quiero decir que lo que me sigue fascinando como espectador es que, con ellos, asisto a la narración de una historia".
Juliana Sarria, asistente de dirección del Festival Malpensante. "Me gustó que los temas que tocaron eran cosas reales que a todos pueden interesar, independiemente que la gente lea o no".
sábado, 31 de enero de 2009
viernes, 30 de enero de 2009
Horas con Alma

Alma Guillermoprieto, de lejos, la voz femenina viva más honda y respetada de la literatura latinoamericana, viene dirigiendo un taller sobre escritura de crónicas para un puñado de jóvenes periodistas de algunos países de habla hispana, en las instalaciones de la Fundación Nuevo Periodismo. Sus estudiantes destacan de ella su método de enseñanza y su paciencia y delicadeza para escucharlos y hacerles ver las carencias y virtudes en la escritura. Varios de los autores invitados al Hay Festival Cartagena 2009 han reconocido que es la pluma más importante presente en esta versión del festival. Vale insistir que en 2008 fue incluida en la lista de los 100 intelectuales activos más influyentes en la opinión pública mundial, que desde 2007 es construida por los lectores de las revistas Foreign Policy y Prospect. En la foto, sonriente, junto a Clara Elvira Ospina, directora de Noticias RCN, a punto de un directo para la televisión colombiana.
jueves, 29 de enero de 2009
Cronistas en el centro
Con éxito se llevó a cabo la primera mesa de la Fundación Nuevo Periodismo en el Hay Festival Cartagena 2009. Un argentino, un colombiano y dos mexicanos narraron detalles de su historia con un género que sigue buscando espacio en latinoamérica.
UNO. “¿Qué es la crónica?” fue la pregunta que lanzó el moderador, Daniel Samper Ospina, para dar inicio al conversatorio entre los cronistas Juan Villoro, Martín Caparrós, Alberto Salcedo Ramos y Fabrizio Mejía Madrid. Como si siempre fuera necesario el cerco del terreno que se pisa o como si el público que casi llena el Teatro Heredia (200 pax, más o menos) no supiera por qué estaba allí.
A modo de picahielo, Villoro recordó su ya conocida analogía en la que le da forma animal al género como retrato de ornitorrinco —que puede leerse en el prólogo del libro Safari accidental (Mortiz, 2005)—: “Una mascota que puede ser un pato, un marsupial, un castor, una mezcla posible de todos ellos pero se define como ornitorrinco porque no es ninguno de ellos; y así es la crónica: un género que usa recursos del relato, la memoria de la primera persona de la novela, las voces y diálogos del teatro, algo del coro griego en su versión contemporánea que es la opinión pública. La crónica, entonces, es un género híbrido, un género mestizo que se parece a todos los demás géneros y cuya capacidad es que nos da una versión subjetiva de los hechos reales”.
A estas alturas, el público, entre incrédulo y sorprendido (lo digo por sus caras), soltó carcajadas grupales cuando Caparrós descubrió que su ubicación en el escenario era la derecha, lo que de cierto modo le daba la certeza de que estaba en Colombia. Y, a la vez, visto por el público, estaba a la izquierda. “¿Y qué es esto, la nueva izquierda latinoamericana?”, preguntó. Pero, finalmente, reconoció que siempre estaba en el centro, como en ese momento en el escenario. Una confesión consecuente con la idea que él ha defendido en otras arenas del continente: la de que la crónica debe servir para evidenciar el lado político de los hechos.
DOS. Alberto Salcedo Ramos contó en tono romántico y honesto que llegó a la crónica porque creció en un pueblo en el que no había fluido eléctrico y que la gente se dedicaba a contar historias sobre lo que sucedía en otras partes, generalmente cuando caía la tarde a manera de entretenimiento. Y él recreaba esos relatos orales en su memoria y les daba forma y color, teniendo conciencia que eran reales.
Fabrizio Mejía Madrid explicó que los cronistas podían considerarse como caballeros andantes que tenían que fingir para la risa y la desgracia pero finalmente, todo quedaba al servicio de la buena causa, y “somos buenos, buenos, buenos”. Y en este momento del acto, lo que parecía un encuentro ordenado se convirtió en una charla de amigos que se narraron anécdotas en las que habían descubierto verdades del oficio de la escritura. Interpelándose entre sí.
Caparrós habló de la hipocresía funcional: “Uno tiene que sentarse a escuchar a un señor que uno quisiera ver muerto y comido por los gusanos para escucharle la historia y para, finalmente, escribir la crónica”.
Salcedo Ramos confesó que una de las estrategias que más apreciaba era la que había recibido de las lecturas de Gay Talese, en las que el neoyorquino aclaraba que los personajes que entrevistaba querían aparentar lo que no eran, si se sabían entrevistados por un periodista. Pero que si fluía una conversación, Talese identificaba pequeñas frases que le daban la verdadera dimensión del personaje. “Y eso es lo que he tratado de hacer porque siempre he escrito sobre personajes que son poco cultos, a veces inteligentes, y que quieren impresionarme”, dijo el colombiano.
TRES. La mesa cerró con las preguntas del público y la firma de libros, pero algunas oraciones quedaron flotando en el aire. Incluso, algunas personas caminaron discutiendo sobre ellas:
-“Siempre estamos forzando la realidad. ¿Y eso hace la diferencia? Creo que no. Siempre me ha interesado hacer la crónica de lo que está ahí, de la manzana de mi casa porque como estoy acostumbrado a verla ya he perdido el asombro”. Martín Caparrós.
- “El límite de usar artificios de la ficción para construir una crónica es el límite de la noticia. Esos hechos son inmodificables. Lo que sucedió no puede tergiversarse”. Juan Villoro.
- “Si uno interactúa con su personaje, con la realidad de su personaje, no hay necesidad de esperar que algo extraordinario suceda. La realidad del personaje es lo que lo sorprende a uno”. Alberto Salcedo Ramos.
- “La caída es un tema muy literario. Y a nosotros nos interesa no el Ícaro volando sino el Ícaro cayendo, en llamas”. Fabrizio Mejía Madrid.
UNO. “¿Qué es la crónica?” fue la pregunta que lanzó el moderador, Daniel Samper Ospina, para dar inicio al conversatorio entre los cronistas Juan Villoro, Martín Caparrós, Alberto Salcedo Ramos y Fabrizio Mejía Madrid. Como si siempre fuera necesario el cerco del terreno que se pisa o como si el público que casi llena el Teatro Heredia (200 pax, más o menos) no supiera por qué estaba allí.
A modo de picahielo, Villoro recordó su ya conocida analogía en la que le da forma animal al género como retrato de ornitorrinco —que puede leerse en el prólogo del libro Safari accidental (Mortiz, 2005)—: “Una mascota que puede ser un pato, un marsupial, un castor, una mezcla posible de todos ellos pero se define como ornitorrinco porque no es ninguno de ellos; y así es la crónica: un género que usa recursos del relato, la memoria de la primera persona de la novela, las voces y diálogos del teatro, algo del coro griego en su versión contemporánea que es la opinión pública. La crónica, entonces, es un género híbrido, un género mestizo que se parece a todos los demás géneros y cuya capacidad es que nos da una versión subjetiva de los hechos reales”.
A estas alturas, el público, entre incrédulo y sorprendido (lo digo por sus caras), soltó carcajadas grupales cuando Caparrós descubrió que su ubicación en el escenario era la derecha, lo que de cierto modo le daba la certeza de que estaba en Colombia. Y, a la vez, visto por el público, estaba a la izquierda. “¿Y qué es esto, la nueva izquierda latinoamericana?”, preguntó. Pero, finalmente, reconoció que siempre estaba en el centro, como en ese momento en el escenario. Una confesión consecuente con la idea que él ha defendido en otras arenas del continente: la de que la crónica debe servir para evidenciar el lado político de los hechos.
DOS. Alberto Salcedo Ramos contó en tono romántico y honesto que llegó a la crónica porque creció en un pueblo en el que no había fluido eléctrico y que la gente se dedicaba a contar historias sobre lo que sucedía en otras partes, generalmente cuando caía la tarde a manera de entretenimiento. Y él recreaba esos relatos orales en su memoria y les daba forma y color, teniendo conciencia que eran reales.
Fabrizio Mejía Madrid explicó que los cronistas podían considerarse como caballeros andantes que tenían que fingir para la risa y la desgracia pero finalmente, todo quedaba al servicio de la buena causa, y “somos buenos, buenos, buenos”. Y en este momento del acto, lo que parecía un encuentro ordenado se convirtió en una charla de amigos que se narraron anécdotas en las que habían descubierto verdades del oficio de la escritura. Interpelándose entre sí.
Caparrós habló de la hipocresía funcional: “Uno tiene que sentarse a escuchar a un señor que uno quisiera ver muerto y comido por los gusanos para escucharle la historia y para, finalmente, escribir la crónica”.
Salcedo Ramos confesó que una de las estrategias que más apreciaba era la que había recibido de las lecturas de Gay Talese, en las que el neoyorquino aclaraba que los personajes que entrevistaba querían aparentar lo que no eran, si se sabían entrevistados por un periodista. Pero que si fluía una conversación, Talese identificaba pequeñas frases que le daban la verdadera dimensión del personaje. “Y eso es lo que he tratado de hacer porque siempre he escrito sobre personajes que son poco cultos, a veces inteligentes, y que quieren impresionarme”, dijo el colombiano.
TRES. La mesa cerró con las preguntas del público y la firma de libros, pero algunas oraciones quedaron flotando en el aire. Incluso, algunas personas caminaron discutiendo sobre ellas:
-“Siempre estamos forzando la realidad. ¿Y eso hace la diferencia? Creo que no. Siempre me ha interesado hacer la crónica de lo que está ahí, de la manzana de mi casa porque como estoy acostumbrado a verla ya he perdido el asombro”. Martín Caparrós.
- “El límite de usar artificios de la ficción para construir una crónica es el límite de la noticia. Esos hechos son inmodificables. Lo que sucedió no puede tergiversarse”. Juan Villoro.
- “Si uno interactúa con su personaje, con la realidad de su personaje, no hay necesidad de esperar que algo extraordinario suceda. La realidad del personaje es lo que lo sorprende a uno”. Alberto Salcedo Ramos.
- “La caída es un tema muy literario. Y a nosotros nos interesa no el Ícaro volando sino el Ícaro cayendo, en llamas”. Fabrizio Mejía Madrid.
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